¿Qué es lo virtual? Pierre Lévy

7. "La virtualización de la inteligencia y la constitución del sujeto"
Tras haber examinado en el capítulo anterior las operaciones de virtualización, en éste evocaré su objeto, o más exactamente la aparición del objeto como realización de la virtualización. Pero con el fin de llegar al objeto a través de una progresión lógica, conduciré al lector en una exploración previa de la virtualización de la inteligencia. En este capítuloy en el siguiente se entrelazan tres temas: la parte colectiva de la cognición y de la afectividad personal, la cuestión del "colectivo pensante" en tanto que tal y la inteligencia colectiva como utopía tecnopolítica. La intrincación del tema del objeto y el de la inteligencia colectiva sólo se podrá justificar en el transcurso de la discusión que sigue.
Nosotros, los seres humanos, nunca pensamos solos ni sin la ayuda de herramientas. Las instituciones, las lenguas, los sistemas de signos, las técnicas de comunicación, de representación y de grabación informan en profundidad a nuestras actividades cognitivas: toda una sociedad cosmopolita piensa en nosotros. Por este motivo, a pesar de la permanencia de las estructuras neuronales de base, el pensamiento es extremadamente histórico, fechado y localizado, no solamente en su propósito, sino también en sus procedimientos y modos de funcionamiento.
Si el colectivo piensa en nosotros: ¿se puede llegar a pretender que existe un pensamiento actual, efectivo, de los colectivos humanos?, ¿se puede hablar de una inteligencia sin conciencia unificada o de un pensamiento sin subjetividad?, ¿hasta qué punto hace falta redefinir las nociones de pensamiento y de psiquismo para que lleguen a ser congruentes con las sociedades? Se dice que nos estamos transformando en las neuronas de una hipercorteza planetaria. Por lo tanto, se hace urgente aclarar estas cuestione y resaltar las diferencias entre las formas de inteligencia colectiva, sobre todo las que separan a las sociedades humanas de los hormigueros y las colmenas.
El desarrollo de las comunicación asistida por ordenador y de las redes digitales planetarias aparecería como la realización de un proyecto más o menos bien formulado: el de la constitución deliberada de nuevas formas de inteligencia colectiva, más flexible, más democráticas, fundadas sobre la base de la reciprocidad y del respeto a las singularidades. En este sentido, la inteligencia colectiva se podría definir como una inteligencia distribuida en todos lados, continuamente valorizada y puesta en sinergía en tiempo real. Este nuevo ideal podría reemplazar a la inteligencia artificial como nuevo mito movilizador del desarrollo de las tecnologías digitales...y por añadirura podría ocasionar una reorientación de las ciencias cognitivas, de la filosofía del espíritu y de la antropología hacia cuestiones referidas a la ecología o a la economía de la inteligencia.
Mientras exploramos estos problemas, incardinaré los conceptos de virtual y de actual que he presentadi en los capítulos precedentes, así como la teoría de la atropogénesis a través de la virtualización. Volveremos a ver las operaciones de aproximación a la problemática, de desterritorialización, de puesta en común, de constitución recíproca de la interioridad y la exterioridad que, desde el comienzo de esta obra, se han asociado a la virtualización.
Después de recordar la función capital de los lenguajes, las técnicas y las instituciones en la constitución de psiquismo individual, expondré brevemente los temas centrales de la ecología o de la economía cognitiva. Posteriormente intentaré formular una definición de psiquismo compatible con la idea de pensamiento colectivo, lo que me llevará a examinar las concepciones darwinianas de la inteligencia y, después, a completar estas nociones mediante una aproximación afectiva, que nos permita descubrir la dimensión de interioridad del espíritu. En una tercera etapa, describiré las nuevas formas de inteligencia colectiva pernitidas por las redes digitales interactivas y las perspectivas que estas últimas abren hacia una evolución social positiva. El análisis del funcionamiento del ciberespacio habrá servido para preparar la segunda parte, dedicada al análisis del operador "objeto" en la constitución de los colectivos inteligentes, del mercado capitalista al enigma de la hominización. Finalmente veremos que el objeto, clave de la inteligencia colectiva, soporte por excelecia de la virtualidad, se opone a la cosa "real" como su doble tenaz y perverso.
La inteligencia colectiva en la inteligencia personal: lenguajes, técnica, instituciones.
Denomino "inteligencia" al conjunto canónico de las actitudes cognitivas, es decir a las capacidades de percibir, de recordar, de aprender, de imaginar y de razonar. Todos los seres humanos son inteligentes en la medida en que poseen estas aptitudes. Sin embrago, el ejerciciode sus capacidades cognitivas conlleva una parte colectiva o social generalmente subestimada.
En primer lugar, nunca pensamos solos, sino que los hacemos en el transcurso de un diálogo con uno o más interlocutores, reales o imaginarios. Sólo ejercemos nuestras facultades mentales superiores en función de una implicación en las comunidades vivas con sus herencias, conflictos y sus proyectos. En segundo o en primer plano, estas comunidades estás siempre presentes en el menor de nuestros pensamientos, y nos proporcionan interlocutores, instrumentos intelectuales o motivos de reflexión. Los conocimientos, valores y herramientas transmitidos por la cultura constituyen el contexto nutricional, el baño intelectual y moral a partir del cual los pensamientos individuales se desarrollan, establecen sus pequeñas variaciones y, a veces, producen innovaciones mayores.
Lo primero que hay que recordar son los instrumentos. Nos es imposible ejercer nuestra inteligencia independientemente de las lenguas, lenguajes y sistemas de signos (anotaciones científicas, códigos visuales, modos musicales, simbolismos, etc.) legados por la cultura y que usan miles o millones de personas además de nosotros. Estos lenguajes llevan consigo formas de fragmentar, categorizar y percibir el mundo, contienen metáforas que constituyen filtros de los datos y pequeñas máquinas de interpretar, arrastran toda una herencia de juicios implícitos y de líneas de pensamiento ya trazadas. Las lenguas, lenguajes y sistemas de signos inducen nuestro funcionamiento intelectual: las comunidades que los han forjado y hecho evolucionar lentamente piensan en nosotros. Nuestra inteligencia posee una dimensión colectiva mayor porque somos seres de lenguaje.
Por otro lado, las herramientas y los artefactos que nos rodean incorporan la dilatada memoria de la humanidad. Cada vez que los utilizamos apelamos, por tanto, a la inteligencia colectiva. Las casas, los automóviles, los televisores y los ordenadores resumen líneas seculares de investigación, de inveciones y de descubrimientos. También cristalizan las capacidades de organización y de cooperación puestas en prácticas para producirlos.
Pero las herramientas no son sólo memorias, sino también máquinas de percibir que pueden funcionar en tres niveles diferentes: directo, indirecto y metafórico. Directamente, las gafas, microscopios, telescopios, rayos X, teléfonos, cámaras fotográficas y de videos, televisores, etc., extienden el alcance y transforman la naturaleza de nuestras percepciones. Indirectamente, los automóviles, los aviones o las redes de ordenadores, por ejemplo, modifican profundamente nuestra relación con el mundo y, en particular, con el espacio y el tiempo, de tal forma que se hace imposible decidir si transforman el mundo humano o nuestra manera de percibirlo. Finalmente, los instrumentos y los artefactos materiales nos ofrecen innumerables modelos concretos, socialmente compartidos, a partir de los cuales podemos aprehender, por medio de metáforas, fenómenos o problemas más abstractos. Así, Aristóteles reflexionaba sobre la causalidad a partir del ejemplo del alfarero, la sociedad del siglo XVII representaba el cuerpo como una especie de mecanismo y hoy construimos modelos computacionales del conocimiento. Mediante los artefactos, nuestra percepción del mundo participa en la inmensa labor del hombre y en su dilatada inteligencia, aquí y ahora.
El universo de objetos y de herramientas que nos rodea y que compartimos piensa en nosotros de mil formas diferentes. De este modo, una vez más, participamos de la inteligencia colectiva que lo ha creado.
Por último, las instituciones sociales, leyes, reglas y costumbres que rigen nuestras relaciones influyen de manera determinante en el curso de nuestros pensamientos. Así, séase investigador en física energética, sacerdote, responsable de una administración pública u operador financiero, en casa caso, tal o cual cualidad intelectual se verá más favorecida que otra. La comunidad científica, la Iglesia, la burocracia estatal o la Bolsa encarnan formas diferentes de inteligencia colectiva, con sus distintos modos de percepción, de coordinación, de aprendizaje y de memorización. Las "reglas de juego" social, a presidir los tipos de interacción entre los individuos, modelan la inteligencia colectiva de las comunidades humanas, al igual que las aptitudes cognitivas de las personas que participan en ellas.
Cada individuo posee un cerebro particular que, a grosso modo, se ha desarrollado bajo el mismo modelo que el de los demás miembros de la especie. Para la biología, nuestras inteligencias son individuales y parecidas (aunque no idénticas). Para la cultura, en cambio, nuestra inteligencia es altamente variable y colectiva. En efecto, la dimensión social de la inteligencia está íntimamente vinculada a los lenguajes, a las técnicas y a las instituciones, notoriamente diferentes según los lugares y las épocas.
Economías cognitivas
Con las instituciones y las "reglas de juego" pasamos de las dimensiones colectivas de la inteligencia individual a la inteligencia del colectivo como tal. En efecto, se puede considerar a los grupos humanos "entornos" ecológicos o económicos en los que aparecen y mueren, se expanden o disminuyen, compiten o viven en competencia, se conservan o mutan especies: géneros literarioso artísticos, modos de organización de los conocimientos, tipos de argumentaciones o de "lógicas" utilizadas, estilos y soportes de los mensajes. Un colectivo humano es el escenario de una economía o de una ecología cognitiva en el seno de la cual evolucionan las especies de representaciones (Sperber).
Formas sociales, instituciones y técnicas modelan el medio ambiente cognitivo, de tal modo que ciertos tipo de ideas o mensajes tienen más posibilidades de reproducirse que otros. Entre todos, los factores que afectan a la inteligencia colectiva, las tecnologías intelectuales, tales como los sitemas de comunicación, de escritura, de registro y reproducción de la información, cumplen una función primordial. En efecto, ciertos tipos de representaciones difílcimente pueden sobrevivir o incluso aparecer en entornos desprovistos de ciertas tecnologías intelectuales, mientras que prosperan en otras "ecologías cognitivas". Por ejemplo, las listas de números, los cuadros, los conocimientos organizados de un modo sistemático no se pueden transmitir cómodamente en las culturas sin escritura. Las sociedades orales, en cambio, favorecen la codificación de las representaciones bajo la forma de relatos, que se pueden retener y transmitir más fácilmente en ausencia de soportes escritos. Por poner un ejemplo más contemporáneo, hoy en día una parte creciente de los conocimientos se expresa por medio de modelos digitales interactivos y de simulaciones, lo que evidentemente era impensable antes de la aparición de los ordenadores con interfaces gráficos intuitivos. Los tipos de representaciones que prevalecen en tal o cual "economía cognitiva" favorecen modos de conocimientos distintos (mito, teoría, simulación, etc.) con los estilos, los criterios de evaluación y los "valores" que les corresponden, si bien, los cambios de tecnologías intelectuales o de medios de comunicación pueden tener, indirectamente, profundas repercusiones en la inteligencia colectiva.
Las infraestructuras de comunicación y las tecnologías intelectuales han establecido siempre estrechas relaciones con las formas de organización económicas y políticas. Recordemos, a este respecto, algunos ejemplos bien conocidos. El nacimiento de la escritura está vinculado a los primeros estados burocráticos con jerarquía piramidal y a las primeras formas de administración económica centralizada (impuestos, gestión de grandes territorios agrícolas, etc.) La aparición del alfabeto en la Grecia antigua y, sobre todo, al nacimiento de la democracia: al extenderse la práctica de la lectura, cada cual podía conocer las leyes y discutirlas. La imprenta hizo posible una amplia difusión de los libros e incluso la existencia de los periódicos, fundamento de la opinión pública. Sin ella, no hubieran nacido las democracias modernas. Por otro lado, la imprenta representa la primera industria de masa, y el desarrollo tecnocientífico que favoreció fue uno de los motores de la revolución industrial. Los medios audiovisuales de siglo XX (radio, televisión, discos, cine, etc.) han participado en la aparición de una sociedad del espectáculo que ha trastocado las reglas de juego, tanto en la ciudad como en el mercado (publicidad, economía de la información y de la comunicación).
Sin embargo, es importante señalar que la aparición o la extensión de las tecnologías intelectuales no determina automáticamente tal o cual forma de conocimiento o de organización social. Por lo tanto, debemos distinguir cuidadosamente las acciones de causar o determinar, por una parte, y las de condicionar y hacer posible, por la otra. Las técnicas no determinan, sino que condicionan: abren un amplio abanico de nuevas posibilidades de las que los actores sociales sólo seleccionan o aprovechan un pequeños número. Si las técnicas no fuesen condensaciones de la inteligencia colectiva humana, se podría decir que la técnica propone y que el hombre dispone.

